Lo que no sabías de la muerte de Virginia Woolf y el significado de «Una habitación Propia».

Por: Paola Ojeda
@paolaojedaxbooks

Adeline Virginia Stephen (1882-1941) fue una destacada ensayista, escritora, editora y
feminista británica. Nació en Londres y a pesar de su acomodada posición económica, sufrió siempre de una salud mental inestable. A la edad de los 15 años sufrió su primer colapso nervioso tras la muerte de su madre; posteriormente a los 22 años, su estabilidad se vio nuevamente afectada gravemente con la muerte de su padre, por lo que fue internada en un hospital psiquiátrico por una breve temporada.

A lo largo de su vida, Virginia sufrió de violentos cambios de humor y de otras enfermedades nerviosas, como trastornos maniacodepresivos y afectivos bipolar, los cuales eran tratados con los limitados conocimientos de las enfermedades mentales que se tenían en aquel tiempo e inclusive se podían llegar a considerar como “enfermedad de artistas” o “enfermedad histérica”.

Se casó con el escritor Leonard Woolf, quien no sólo la apoyó ampliamente como su pareja, sino que también como escritora, al brindarle la vida y la atmósfera que necesitaba; sin embargo, Virginia conoció a la escritora Vita Sackville-West, con quien mantuvo también una relación amorosa, a pesar de estar casada. Hacia el final de su vida, Virginia Woolf fue presa de la peor depresión con el inicio de la segunda Guerra Mundial, la destrucción de su casa en Londres y la poca aceptación de su último libro, al grado de no permitirle seguir trabajando.

Finalmente falleció a los 59 años en Lewes: suicidándose en el río Ouse como consecuencia de su terrible enfermedad, que ya la atormentaba día y noche. Tras escribir una carta a su amado marido, llenó sus ropas con piedras, se sumergió en las frías aguas y al paso de tres semanas su cuerpo fue encontrado por un grupo de niños.
Virgina Woolf es considerada una de las figuras más importantes del modernismo literario del siglo XX, entre sus obras más famosas se encuentran “La señora Dalloway” (1925), “Al faro” (1927), “Orlando” (1928), “Las Olas” (1931), “ Flush ” (1933) y por supuesto la obra que ocupa esta crítica, “Una habitación propia” (1929) que se trata de un largo y célebre ensayo muy citado en el movimiento feminista.

«Una Habitación Propia» surge mientras la autora preparaba una serie de recopilaciones que utilizó para un ciclo de conferencias sobre la literatura y la mujer para universidades femeninas de Cambridge. El ensayo recorre la historia literaria de las mujeres, con el fin de ofrecer al género femenino la posibilidad de ser admitido en igualdad de circunstancias en una cultura que hasta entonces había mostrado una innegable preferencia por los hombres. Expone, que, durante muchos años, la mujer fue considerada como inferior al hombre, incluso por muchos siglos no se le permitió realizar las mismas actividades, como fue el caso de la literatura; por lo que exclusivamente se pueden encontrar textos del genero masculino; dentro de los cuales la mayoría de ellos, al referirse sobre la mujer siempre la minimizaba, pocos escritores eran neutros y los menos favorecedores.

Las mujeres de antaño no disponían de tiempo ni de una habitación propia, las pocas que se atrevieron lo hacían en medio de una sala común y siempre rodeadas de gente.

Pero todo lo anterior el libro nos lleva a la pregunta: ¿qué necesitan las mujeres para escribir? Respuesta: “Una habitación propia”, es decir, independencia económica y personal. “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Virginia Woolf.

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